miércoles 16 de noviembre de 2011

Rompiendo mitos con tiza y guardapolvos


Valiente minoría.


En 2005, el Instituto Superior de Profesorado N° 8, Almirante Guillermo Brown”, vio como escasos 2 varones iniciaron sus estudios en nivel inicial, en contraste con las 60 mujeres que optaron por esta formación. Durante 2010 la cantidad de inscriptos se incrementó, pero el porcentaje con relación a las mujeres siguió siendo relativamente bajo. Y esta tendencia también queda reflejada en los jardines: actualmente en la ciudad de Santa Fe, tan sólo un varón trabaja al frente de una de las salas. Asimismo, la ciudad de Buenos Aires no fue ajena a las estadísticas: durante el año 2003, en los jardines estatales se registraron 145 hombres al frente de las salas, por contrapartida a las 4402 mujeres en el mismo cargo.
Los números no son casuales. Evidentemente en la sociedad hay una creencia de que este tipo de actividades están destinadas a las mujeres. Y si quien está al frente de una sala es un hombre, ‘algo raro debe haber’.

El dedo acusador.

Faltan escasos minutos para el mediodía y suena el timbre de salida. Los alumnos de las distintas salas del Jardín de Infantes N° 179 de Rosario van saliendo del establecimiento de la mano de sus maestras, excepto los de la sala verde que, en lugar de salir acompañados de una docente, dejan el estable-cimiento, pero de la mano de un Profesor. Llegan juntos hasta la puerta y un par de chicos saludan con alegría a Lucas Giménez, su ‘maestro jardinero’:
- Hasta mañana Profe!, vociferan y se van de la mano de los padres, quienes también saludan al docente, algunos con una sonrisa, otros con cierta distancia. Otros familiares – los de alumnos de otras salas – observan la situación, en una mezcla de desconcierto y sorpresa. Sucede que es la primera vez que ven a un hombre al frente de una sala de jardín de infantes.
Sin embargo, Lucas no se aflige. Desde el inicio de su formación supo que la decisión de haber estudiado esta carrera le iría a demandar un esfuerzo extra para romper algunos mitos - propios y ajenos - y ‘ganarse’ la confianza de docentes, directivos y familiares de sus alumnos.

Trabajando contra la corriente.


- ¿Qué te llevó a estudiar maestro jardinero?

Siempre tuve afinidad con los chicos. Adonde iba, casa de conocidos, parientes, o donde había chicos, siempre me seguían. Me ponía a hablar o a jugar con ellos desde que tengo 15 años y familiares y amigos fueron los que me ‘empujaron’ a estudiar.
Me imagino que la mayoría de quienes estudian nivel inicial, han de ser mujeres…
Te cuento: cuando empecé primer año éramos dos varones y sesenta mujeres. El apoyo de los docentes siempre fue muy bueno; desde que empecé hasta ahora que me recibo. Sin embargo, había algunos prejuicios. Quien me escuchaba decir que estudiaba maestro jardinero, muchas veces pensaba que era gay o era degenerado. Pero eso fue hasta que me conocieron. Después, cuando hice las prácticas y la residencia, sobre todo el prejuicio venía del lado de las familias, pero es entendible porque no es común. Una vez, en el jardín me tocó compartir la “Semana de la Familia” y nos pusimos a hablar la madre de una nena y la abuela de otra sobre el tema de los prejuicios. Ellas me querían conocer y me preguntaron qué se me había dado por estudiar y les conté. Después que me conocieron se quedaron tranquilas pero me reconocieron que hasta ese momento como que no les cerraba. Además ellas se dan cuenta de que está todo bien por los chicos, porque ellos llegan a la casa y cuentan “el profe es re bueno”, “con el profe jugamos”, etc.

- Y esto a la hora de trabajar, ¿cómo te afecta?

Lejos de quitarme fuerzas, más me esfuerzo y más demuestro mi forma de ser. No escondo ni guardo nada. Yo soy así, tanto en el ámbito escolar como afuera. Muchas veces las familias no te dicen nada, pero te lo hacen sentir. Te sentís observado, pero así demostrás más; más confianza con los chicos, hablás más y te hacés respetar. Además, si a los chicos les caés bien, está ‘todo bien’. Si no tienen onda, por más que hagas de payaso, no te dan bolilla. Es fundamental poder lograr ese ‘feeling’ con el chico y no todos pueden lograrlo. Te cuento una anécdota: una vez que fui a Brasil de vacaciones, había una nenita que tenía dos años. Jugamos durante los quince días que estuve allá. Ella me iba a buscar y nos pasábamos jugando toda la mañana. Cuando vos ves que el chico te sonríe, te das cuenta de que un feeling hay.

- ¿Creés que este tema de los prejuicios se puede revertir?

Yo creo que sí, pero va a llevar tiempo. Y se tiene que dar con la ayuda de la familia, la escuela, los medios… Hacerse conocer a través de los medios ayuda para romper con el mito. Lo que pasa también es que existe en la sociedad – y muchas veces en uno mismo – falsos estereotipos que son muy difíciles de cambiar. Así como hasta hace algunos años se creía que las tareas del hogar eran ‘cosa de mujeres’, hoy todavía está el estereotipo de que la docencia en el nivel inicial se relaciona con la imagen femenina, maternalista por así decirlo. Y si sos hombre y querés trabajar de maestro jardinero, el inconsciente colectivo piensa – como te dije antes – de que sos gay o un degenerado. En lo que respecta a la docencia, la gente está acostumbrada a ver en los jardines de infantes a los profesores de música o educación física, pero no a los maestros jardineros.

“Los hombres no tejen; eso es cosa de mujeres”, “María no puede jugar al fútbol porque no es un deporte para chicas”, son algunas de las frases que seguramente hemos escuchado en algún momento. Ocurre que estamos inmersos en una sociedad que se encarga de rotular a las personas, y conjetura muchas veces de manera desacertada sobre la orientación sexual, como en el caso de Lucas.
Sin embargo, justamente las personas como Lucas tienen fe de que esta situación puede revertirse. En su caso, a cada padre o madre que lo mira con desconfianza le regala una sonrisa, que seguramente será el puntapié inicial para dar comienzo a una relación padre o madre – docente que irá dejando en el camino los prejuicios sin fundamento, para dar lugar a otro, que busque enseñar, educar y – por qué no – hacer reír a los más chicos.

martes 8 de marzo de 2011

Pensamientos afines.

Sábanas frías
risas ausentes
rituales saboteados
y sueños lejanos.

Debo almidonar dolores,
emparejar angustias
ordenar desangres
y catalogar recuerdos.

Cual déspotas dotado de impunidad
los recuerdos toman fuerza en los umbrales
y los fantasmas dicen presente
en este carnaval de desquicio.

Mirando tu fotografía lejana
leo en tus ojos los deseos
de la pronta partida
de este vínculo divino.

Mas en mis pensamientos
no tienen asidero las ideas
de la extinción de tu llama
y mi prescindible ausencia.

Y en medio de este desquicio
sé que te espero en vano,
vago sentimiento en mano,
de quien no vio lo que quiso.

El último cerrojo de esta historia
abrió su candado allá por mayo,
zarandeó con vehemencia los momentos
y a mi ser dejó al borde del desmayo

permanente.

Podrá amanecer cada mañana,
podrá la flor despertar en primavera,
podré caminar con firmeza,
pero me faltás vos.


E. Lalma. 2009

martes 18 de enero de 2011

Mensaje no enviado. (La inocencia de Pablito II)

“Papá: te iba a llamar para que lo arregles”. Estas fueron las palabras que Pablito nunca enunció. Con una mezcla de angustia y esperanza, ese día en que su corta vida sufrió un cambio tal vez inesperado, escribió un mensaje para que su padre retrotraiga la realidad que se le presentaba así sin más. Claro, Pablito era un niño y creía lo que a muchos nos pasó de chicos, al suponer que nuestro padre es una especie de superhéroe que tiene poderes para darnos todo lo que queremos, o para revertir situaciones poco felices como en este caso. Lo que acaso él no entendía, era que su padre no sólo no era superhéroe, sino que tampoco en este caso podía alterar la realidad que en otros casos tal vez hubiese sido posible hacerlo.
Para Pablito la situación se presentaba de la siguiente manera: su padre, que hasta el día anterior estaba a su lado, hoy de manera repentina ya no lo estaba, muy a pesar de no desearlo así; si bien había síntomas que anunciaban su partida, Pablito creía que ese día nunca llegaría - o tal vez sí - pero desde luego que no lo deseaba.
Fue así como esa noche, luego de una jornada cargada de turbulencias, intentos por entender lo que ocurría y el comienzo del proceso de duelo, Pablito tomó su celular, buscó en el directorio “papá” y lo fijó como destinatario. Luego comenzó a apretar las teclas del teléfono hasta formar la frase enunciada al principio: “Papá: te iba a llamar para que lo arregles”. Sin dudas, ese ente en el que algunos creen y otros no tanto, intervino. Como para que Pablito comience a aceptar que su padre nada podía hacer para torcer una realidad que lo llevó lejos de su lado aun en contra de su voluntad, quiso el destino que ese mensaje no llegue - valga la redundancia - a destino. Tal vez por eso Pablito pensó que la realidad era irreversible, porque su padre nunca recibió el mensaje y por ende, nada pudo hacer para volver a su lado. Al fin y al cabo, fue preferible que los hechos se den de esa manera, con la esperanza de que el día que su padre reciba el mensaje, podría volver a caminar la vida, otra vez, a su lado.

domingo 26 de diciembre de 2010

Pensamientos de un niño para esta navidad (La inocencia de Pablito I)

Pablito era un chico soñador, utópico, altruista. A pesar de su corta edad, había escuchado a los adultos hablar sobre la paz mundial o salud, dinero y amor. Eran los ideales clásicos para cualquier sociedad que intente evolucionar y no perecer en la miseria humana. Se acercaban las fiestas y habiendo terminado su primer grado, este año le escribiría a Papá Noel para encargarle los regalos para esta Navidad, haciendo uso de esa nueva y poderosa herramienta. Entonces Pablito escribió:

“Querido Papá Noel: Para esta navidad te pido que le traigas paz y amor a todas las personas del mundo (porque a él le enseñaron de pequeño que con amor las cosas siempre se resuelven, y que las personas que se quieren no se lastiman los unos a otros), salud para que no sufran las personas que yo quiero y mucho trabajo para que la gente pueda vivir bien. Quiero que los mayores no discutan para ver donde pasan la navidad y el año nuevo, si con la familia de los abuelos maternos o paternos, o de éste o aquel tío. También quiero que se terminen las guerras porque en las guerras se mueren las personas y sus familiares sufren mucho. Además, quiero que le lleves un juguete a los chicos que están en los semáforos, para que en vez de trabajar puedan jugar. Mi regalo es ese, para mí no quiero nada”.

Pablito estaba feliz. Estaba convencido de que los buenos deseos siempre se cumplen. Después de todo, Papá Noel es una especie de genio que concede deseos y regalos a los chicos que se portan bien. Lo que Pablito ignoraba es que Papá Noel no existe. Pero pronto lo estaría por descubrir…

domingo 12 de septiembre de 2010

¿Recuerdas?

¿Recuerdas como juntos desafiamos la vida
y con qué pasión tu desdicha yo entendía?

¡Cómo has de olvidarlo, si para tí vivía!

¿Recuerdas mis consejos, afables palabras
por infames almas que dolor te provocaban?

¡Cómo has de olvidarlo, si tus heridas besaba!

¿Recuerdas como juntos, reimos, hablamos
y aquel lejano amor que inocente callamos?

¡Cómo has de olvidarlo, si tarde lloramos!


E. Lalma (2000)

lunes 22 de marzo de 2010

Ausente

Hoy me embriago con tu ausencia
y disparo con tu lejanía
al retrato de la nostalgia
pintado con tintas grisáceas.

Son primogénitas sensaciones
de tu viaje programado
con complicidad de extraños
paradójicamente conocidos.

(Risas desconocidas,
caricias prohibidas,
besos heridos
y corazón ajeno)

Las distancias mutilan Ilusiones fácticas,
hermanas de rutinas suaves y realidades adversas.
Mas advierto que la ruleta de la vida
no ha dejado de cesar la bola del milagro.

Mientras, me rio del destino
que me ha quitado
las fuerzas de vocablo
y robado tu sonrisa.


E.Lalma
09/01/10

Extraño

Extraño la brisa de su mirada
y el ignoto sonreir sin dueño
que cabalgó triste
por el tiempo de rutina.

Extraño el insulso recuerdo
de un pasado tachado
con emociones muertas
y lágrimas virtuales.

Extraño también el presente
alegremente triste
que saluda a un pasado
cargado de olvidos.


E.Lalma
25/10/09